Maurits Cornelis Escher, "Drawing Hands"
Calmar los ojos en la luz del fuego
y presentir la rémora del agua,
advertir que cambiante como el agua
nos consume la vida con su fuego.
Adivinar al cuerpo por su sombra
que se alarga, monstruosa y olvidada
y sentir el horror a la olvidada
muerte, que se confunde con la sombra.
Ver en el tiempo signos de los tiempos
en los que el hombre descifró su sino,
convertirse en esclavo de aquél sino
y dar el cuerpo al polvo de los tiempos,
ver en el sueño a un hombre, y ese hombre
soñarnos reescribiendo su poesía
que era infinita y tenue. La poesía
ha despertado y sobrevive al hombre.
Dijo el poeta que desde un reflejo
una tarde lo miró su rostro;
él encontró lo cierto de aquél rostro.
Yo soy sólo mentira del reflejo.
También dijo que el arte es un retorno
a la fértil pastura del origen
que se añora. El que vuelve al origen
ya no es el héroe que anheló el retorno.
Como el fuego incansable que devora
y se consume y nace de su muerte,
dijo Heráclito el oscuro, la muerte
no es más que vida hambrienta que devora.
Myriam Toker febrero 6 de 2008
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