domingo, 9 de noviembre de 2008

Marosianas, Canonización de la Peonía


Max Ernst, The Robing of the Bride. Oil on canvas. 130 x 96 cm. 1940. Peggy Guggenheim Collection, Venice, Italy.


La peonía, sin manos y sin voz, apenas sintió el ultraje o lo toleró un año en sueño fingido, y engendró una criatura por cada descarga recibida del padre desconocido. El hijo tercero nace ahora: los pétalos se erectan, titilan, papeles encerados, y desde el vestíbulo del castillo dorado preñado se desploma un bulto nectarino con hierática lentitud.

La peonía se desgarra de dolor, se crispa contenta, sagrada.

Cae la carga en capullo de mermelada, las hormigas la limpian con eficiencia pero sin amor.

Es una niña, que iba a ser rubia de seda, buena de iris, clara lechosa. El hermano gato se la come, los cartílagos crujen en la serenidad de la boca fraterna.

Bajo tierra, el ángel se quiere arrancar el corazón que no encuentra: sólo es un guardián invisible, pero puede cantar con voz fragrante todo el horror de aquel portento sangriento.

Vienen las mujeres de negro, los hombres de negro, vienen con las cruces tejidas de plata de antaño de siempre de muerte, vienen con los humos incensarios y espantan a las hormigas. El gato y el ángel por primera vez se juntan en un silencio redondo que los momifica. Al ver la corona se quedan ciegos.

La corona es un eclipse mandado a fraguar para la mártir peonía. Le rezan sin mirarla, no ven que bajo el fuego de diamante la peonía es ceniza, sin estremecimiento ni reflejo, ceniza.

Newark, DE, 30 de junio de 2008

copyright Myriam Toker, 2008


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Te invito a dejar un comentario