Siete vidas no son nada
para contar lo que sé;
por eso, me extenderé
hasta diez en la volteada.
Me presento: soy el gato
que le orina la terraza;
pertenezco a aquella raza
sin pudicia y sin recato,
que quisiera, a cada rato,
hacer feliz a su amada;
ella está desesperada,
pues tiene mi mismo anhelo:
para un gato que está en celo,
siete vidas no son nada.
En su casa está, cautiva,
muy cuidada, y a resguardo;
inútilmente la aguardo,
y aunque nunca me reciba
porque sus dueños la privan,
como virgen, del placer,
yo no desengañaré
a gente tan inocente;
soy demasiado decente
para decir lo que se.
No me gusta ser pesado
ni cansar con argumentos,
pero yo he vivido el ciento
que otros, que han sido capados;
nunca antes había contado
y nunca más contaré;
sólo esta vez dejaré
que les hable mi pasión;
una será la ocasión,
por eso me extenderé.
No hay macho que no me tema
ni hembra que se me niegue;
en la pelea, hasta nueve
he vencido sin problema,
pero yo estoy en mi crema
cuando mi fuerza está empleada
con hembras enamoradas;
si a nueve cuento peleando,
sin duda que llego, amando,
hasta diez en la volteada.
copyright, Myriam Toker 2008




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